Mezquita-Catedral

Capilla Real

La Catedral de Córdoba también se muestra como un espacio de proyección para la religiosidad y el poder de la monarquía española. De este modo, Enrique II de Trastámara decide construir esta capilla con la finalidad de acoger los panteones de su padre Alfonso XI y su abuelo Fernando IV, finalmente trasladados a la Real Colegiata de San Hipólito en 1736.

La Capilla Real, hoy no visitable, se configura como un recinto de planta cuadrangular. Destaca el extenso y rico programa ornamental que se desarrolla en sus muros, a base de yeserías, atauriques, paños de rombos o motivos epigráficos. En este sentido,  Pavón Maldonado estima que “[…] Esta capilla, erigida y decorada en el reinado de Enrique II (1372), por su fecha tardía y decoración puede considerarse una síntesis o resumen de las yeserías árabes y mudéjares, toda vez que en el edificio concurren la mayoría de los temas”.

La solución formulada en su cubierta también resulta interesante, al optar por una bóveda que cruza cuatro arcos con otros cuatro de disposición diagonal. La totalidad de estos plementos aparecen decorados mediante mocárabes de yeso que contribuyen a la densidad decorativa del espacio.  

Tampoco podemos olvidar que la repercusión de esta construcción mudéjar trasciende los propios límites del edificio. Y es que su concepción llega a ejercer una clara influencia en la arquitectura de la nobleza cordobesa de la época,  convirtiéndose así en el nuevo referente estilístico de los palacios y capillas de las élites locales.

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