Mezquita-Catedral

Capilla de Santa Teresa

Ocupando el antiguo muro de la quibla se localiza la capilla del Cardenal Salazar, fundada bajo la advocación de Santa Teresa. Será Francisco Hurtado Izquierdo el encargado de construir un espacio formulado en la madurez del Barroco. Para ello, concibe un espacio octogonal cubierto por una cúpula cuyo tambor aparece perforado por ventanales. Asimismo, por vez primera, el arquitecto emplea una abundante decoración a base de yeserías que repiten el motivo de las hojas de acanto. Mientras, el alzado se articula a través de pilastras y arcos ciegos de medio punto que acogen lienzos del pintor Antonio Palomino. Estas composiciones, El martirio de San Acisclo y Santa Victoria,  La conquista de Córdoba por Fernando III el Santo  y La aparición de San Rafael al padre Roelas, exponen tres escenas fundamentales de la historia devocional de la ciudad.

La memoria del fundador, el obispo Pedro de Salazar y Toledo, no sólo  se hace visible en su sepulcro sino que también se proyecta desde el acceso a este lugar, con la presencia de su escudo en la portada de mármol rojo y negro, o en el Viso del Sagrario, de Virgilio Castelli, que el propio cardenal trajo consigo de una de sus estancias en Roma.

La capilla es presidida por el retablo que acoge a la soberbia talla de Santa Teresa de Jesús, realizada por José de Mora. Será este mismo escultor el encargado de ejecutar la serie de santos que se disponen entre los arcos de la capilla. 

En la actualidad, este enclave da cobijo a otras obras de arte de primer nivel. Destacan la Custodia procesional del Corpus Christi, correspondiente a la autoría de Enrique de Arfe, o las pequeñas esculturas en plata de La aparición de Jesús a la Magdalena y El encuentro de Jesús con la Samaritana, piezas anónimas de procedencia napolitana.

Localización
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